jueves, 4 de agosto de 2011

DE CÓMO EL EMBUSTERO DE LUX MURIÓ COMO UN NOBLE Y BUEN SEÑOR.

(CUENTO DE BEATRIZ LILIANA ESLIMAN)

DE CÓMO EL EMBUSTERO DE LUX MURIÓ COMO UN NOBLE Y BUEN SEÑOR. (INSPIRADO EN UN CUENTO DE GIOVANNI BOCCACCIO)
 No existía en la comarca de Lux, un hombre tan astuto y mentiroso, como Tarzio que hacía del engaño su modo de vida. Hasta el punto que en ciertas circunstancias, él creía de sus propias mentiras, pues era tal su arte de mentir que llegó a ser el más famoso embustero de kilómetros a la redonda. Se acercaba a los treinta años, y era de tan noble estirpe, que como caballero, todas sus mentiras se transformaban en realidad en el imaginario colectivo del pequeño pueblo de Lux. Jamás había hecho un trabajo que le demandare esfuerzo alguno, a lo sumo, se había dedicado toda su vida a recibir las herencias de sus ascendientes ricos y nobles que se habían ido de este mundo sin dejar descendencia, y Tarzio sabía que de a poco sus parientes iban cayendo como moscas, hacia el Paraíso ó el infierno… Pero, en su inteligencia mal entendida, cuando la fortuna menguaba Tarzio echaba mano a la mentira y al engaño, para no quedarse sin los fondos necesarios que le permitieran una vida de príncipe, con lujos y lujuria, siendo apenas un conde de un pueblo casi desconocido. Era tal su magnetismo y seducción que hizo enamorase a cuanta doncella del pueblo Dios le había puesto en su camino; y fue así, que en busca de un buen pasar sin privaciones, un día sedujo a la hija del rico comerciante de la comarca, la bella Sarah, quien no tardó en caer bajo los hechizos de sus mentiras y creyendo en él, fue a perder su virginidad con este noble caballero embustero, considerándolo merecedor de todos sus ocultos y externos encantos de mujer. Pero Tarzio, que no era afecto a los amores sino a los valores en metálico que ella le proveería, no capturó la belleza de la infeliz Sarah, sino la fortuna que heredaría en poco tiempo, ya que el padre de esta doncella era un señor de avanzada edad y de acaudalada fortuna y tierras. Después de sucesivos encuentros, entre los amantes, en lo oculto del día ó en la oscuridad que les diera la noche, Tarzio, hombre de pocas virtudes, en especial de la virtud de la discreción, se había encargado de divulgar aquellos encuentros amorosos entre la chusma popular, con el solo y único fin de asestarle el golpe final a su planificada historia. Y fue así. que con la virtud mancillada en público de la doncella Sarah, su anciano padre se vió en la obligación de invitar al ruin caballero a su casa a fin de arreglar los detalles de la boda, con su amada y única hija. La boda se concretó en primavera, y concurrieron las familias más nobles de la comarca, la felicidad de los contrayentes, era disfrutada por ambos, pero obviamente con diferentes objetos de deseo, para ella, el amor, para él, una forma rápida y segura de lograr… la fortuna que tanto le apetecía poseer. En el invierno más próximo, como era de esperar, por su ancianidad y salud vulnerable, el padre de la bella Sarah partió de este mundo, y sus bienes y heredades fueron a parar en manos de su yerno, el inescrupuloso y embustero Don Juan. No tardó el día de que la inmensa fortuna se esfumó y Tarzio, decidió marcharse dejando a su esposa sola y desconsolada, y aunque sus súplicas de amor le fueron dichas, el caballero tomó rumbo desconocido hacia un lugar lejano de aquél a donde había cometido sus vilezas. Y al cabo de dos días y dos noches, en una noche fría del nevado invierno este ruin señor, de noble estirpe, pero de corazón tan humano y pecador, llegó a un pueblo, llamado Doux, dejando atrás en la distancia la casa y la esposa de los que había partido, cuidando de no dejar rastros de su existencia y de sus mentiras. Con escaso dinero entre sus alforjas, pasó la noche en la taberna del pueblo disfrutando de la pasión que le ofreciera, la mesera del lugar, tal cual una rosa roja de pasión y de duras espinas. El buen mozo señor creyó que se había librado de su pasado en Lux, pero lo que desconocía era que le quedaban pocos días para su existencia holgazana y de troperías; pues el viaje que había hecho le hizo contraer pulmonía y no pudo salir nunca más de la taberna hasta que partió hacia otro mundo, oscuro y sin mentiras… Problema mayor dejó al tabernero y a su hija, que las casualidades quisieron que fuera la rosa con la que el noble caballero pasara su última noche de lujuria y pasión. Llamaron a un doctor, pero este le diagnosticó escasas horas de supervivencia, la fiebre lo iba consumiendo, y entrando en delirio un solo nombre esbozó, el de Sarah, la mujer que con pasión desmedida le había ofrecido, su corazón, su virginidad, y su vida. Y viendo el tabernero y su hija que la hora del último sueño se acercaba para este pobre forastero, como era costumbre, se le llamó al cura del pueblo, quien le tomó confesión. Pero ni aún en la más pavorosa fiebre y en los instantes finales de su interesada vida Tarzio dejó de hacer sus fechorías y cuando el sacerdote le preguntó por sus pecados, el joven caballero moribundo, no hizo otra cosa que lo que sabía hacer…mentir con total manejo del arte del engaño; y es así que negando al cura en pleno secreto de confesión, todos y cada uno de sus pecados, hizo negación de la lujuria, negó la gula, negó la codicia, y así sucesivamente , con tanta seguridad y con sollozos , que el religioso le concedió la extremaunción y tuvo hasta la dicha de que sus pecados le fueran perdonados a través de la absolución al moribundo mentiroso, que no pudo ceder a la tentación de mentir ni aún en la hora de su muerte… Y fue así que a la noche de ese mismo día, el joven caballero dejó este mundo, a cuestas con sus mentiras y cavilaciones, tal como había vivido; creyéndose sus propias mentiras, incluso en el mismo instante de su partida, y lo único verdadero y exquisito que poseía era su recuerdo de Sarah, su doncella malquerida. Y como en el pueblo de Doux no era conocido por su noble arte de mentir y de engaños, fue su cuerpo a dar al cementerio de la Iglesia; y hasta tuvo la dicha, aún después de su muerte que el coro de niños de la parroquia le cantara el salmo de despedida a su última morada, después de tantas mentiras…

©copyrigth 2011. de Beatriz Liliana Esliman.(derechos reservados del autor)


 

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